El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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sábado, 19 de noviembre de 2011

La memoria: Husserl y el tiempo vivido

A comienzos de siglo, en el curso de 1904-1905, el filósofo Edmund Husserl (1859-1938) imparte un curso sobre “la conciencia del tiempo inmanente” en Gotinga. Estas lecciones desarrollan una teoría del tiempo vivido muy útiles para la comprensión del fenómeno psicológico de la memoria. La memoria y el recuerdo dependerán, según él, de la experiencia general del tiempo, es decir del tiempo tal y como lo vivimos, no del tiempo objetivo y lineal que miden los relojes (que solemos representar con la imagen de la línea que cruza el presente viniendo del pasado y yendo al futuro).
Si nos situamos en un momento concreto tal y como lo vivimos, este momento en que leemos, por ejemplo, podemos comprobar que es un instante que se relaciona y remite a otros momentos recién transcurridos (la lectura de las primeras líneas del texto, por ejemplo; pero antes el inicio de la mañana, el paseo hasta el Instituto, las primeras clases del día), y al mismo tiempo, este momento del aquí y ahora remite por anticipación a otros instantes que prevemos van a ocurrir (nuevas clases, el fin de la jornada, la comida y las expectativas para la tarde) que se cuelan en nuestro campo total de vivencias actuales. Si empezamos representando con una línea, al modo tradicional, la suma de momentos de la mañana, cada punto remite, en el esquema vivido, por un lado a lo vivido en el pasado y por otro a lo que prevemos vamos a vivir en el futuro, en un movimiento continuo de mutua implicación de pasado y presente con el futuro. Sea el punto A de ahora, que remite a otro momento B, en el que se recordará A como A’, anticipando a la vez un momento C que está por llegar y en el que se cruzan múltiples relaciones vividas entre los momentos pasados y presentes con la anticipación del futuro. En este esquema, el tiempo se convierte en una malla o trama en forma de red por la cual en cada momento vivido retenemos o anticipamos otros momentos pasados y futuros.

      Las consecuencias de esta teoría es, en primera lugar, hacernos ver que la memoria siempre modifica aquello que recuerda, nunca llegamos a retomar lo sucedido de manera fiel y exacta, porque lo recordado cambia según su relación con nuestras expectativas de futuro y según las condiciones del presente que acaba de llegar. En segundo lugar, y a pesar de todo, hemos de reconocer gran coherencia en nuestros recuerdos, al igual que hay una coherencia en nuestra percepción del tiempo, lo que nos lleva a pensar que debemos tener una capacidad para alcanzar el sentido de la temporalidad y de nuestros recuerdos que es una construcción no estrictamente racional y deductiva, sino espontánea o empírica. Esta coherencia la alcanzamos a pesar de, o gracias a que el tiempo y la memoria están siempre en constante movimiento, por lo que no es preciso, a fin de tener conciencia de ella, detener el flujo temporal o la cadena de los recuerdos, ya que siempre y en todo momento está actuando, al modo de una síntesis pasiva, parecida a la síntesis con la que realizamos la percepción en general.

1 comentario:

Javier Draper dijo...

Muchas gracias por el aporte me a servido de gran ayuda!